La Batalla de los Tiempos: Dignidad Bolivariana frente al Abismo Imperial
Por Carlos Aular
Desde que el pueblo venezolano selló su compromiso con el proyecto socialista en el año 2006, cimentado en las raíces soberanas de la Constituyente de 1999, Venezuela se convirtió en una “amenaza” para quienes defienden el capital por encima de la humanidad. No es una simple diferencia política; es una confrontación histórica.
Mientras el imperialismo norteamericano representa el abismo, el oscurantismo y las banderas de la necrofilia, la Revolución Bolivariana alza las banderas de la paz y la defensa de la vida.
Somos, para el mundo, una luz de esperanza que el imperio pretende apagar.
Legitimidad y Justicia: El Tiempo Político Congelado
Es imperativo que nuestro pueblo comprenda la solidez de nuestras instituciones. Ante el secuestro de nuestro hermano Presidente Nicolás Maduro, la justicia venezolana ha actuado para garantizar la tutela judicial efectiva y la paz de la República.
La Sala Constitucional del TSJ ha sido clara: no estamos ante una ausencia temporal, ni menos absoluta , sino ante una imposibilidad material sobrevenida por una agresión externa.
Al no configurarse una falta absoluta, sino un secuestro, el Tribunal ha interpretado la Constitución para proteger al Estado.
En esta «zona gris» provocada por el enemigo, el tiempo político se ha congelado para garantizar la continuidad administrativa del estado por fuerza mayor , dejando la conducción del país en manos de la Vicepresidenta (hoy Presidenta Encargada) Delcy Rodríguez, hasta que cese la agresión y recuperemos a nuestro líder.
Delcy Rodríguez: Firmeza en la Continuidad Administrativa
En este escenario de asedio, la arquitectura jurídica de nuestra República ha demostrado su fortaleza. Ante el secuestro criminal de nuestro hermano Presidente Nicolás Maduro, la Sala Constitucional del TSJ ha dictado una interpretación histórica que no admite vacilaciones. No existe ausencia, existe un impedimento material forzado por el enemigo, entiéndase SECUESTRO.
Bajo esta premisa de fuerza mayor, la camarada Delcy Rodríguez asume la conducción del Estado no como una sustitución ordinaria, sino como la garantía de que el hilo constitucional no se rompa mientras dure la agresión. Su gestión al frente de la Presidencia como encargada, está supeditada estrictamente al cese del secuestro de nuestro líder.
Ella representa la lealtad absoluta y la capacidad operativa de un Gobierno que no se detiene ante las amenazas militares ni los bloqueos. Su rol es el de custodiar el tiempo político de la patria hasta el retorno del Jefe de Estado.
El Pueblo en la Calle: La Única Garantía de Paz
Pero esta batalla no se libra sola; se libra en la calle, donde el pueblo venezolano se mantiene en despliegue permanente.
La movilización popular es el combustible de esta resistencia. Mientras las instituciones garantizan la legalidad, el Poder Popular garantiza la soberanía.
No hay sizaña que pueda dividir a un pueblo que sabe que su destino está en juego. Estamos en las calles, de punta a punta en todo el país, no solo gobernando a través de los consejos comunales y las comunas, sino vigilantes, exigiendo justicia.
La calle es el escenario donde nuestra moral se hace gigante y donde el mundo puede ver que Venezuela no es, ni será jamás, una colonia yankee.
Unidad frente a la Sizaña
en este escenario de asedio, dudar es traicionar el legado de Chávez. La derecha y el imperio pretenden sembrar sizaña entre los patriotas, pero nuestra respuesta debe ser una sola: Unidad, Lucha, Batalla y Victoria. Estamos ante la batalla de los tiempos, una oportunidad para alzar nuestra moral y dignidad frente al odio.
¡Los queremos de vuelta!
Venezuela no se entrega. Seguimos en las calles, gobernando con el proyecto Bolivariano, pero con el corazón y la voz exigiendo justicia.
El mundo rechaza la violencia y nosotros exigimos el retorno inmediato de nuestro Presidente legítimo, Nicolás Maduro, y de la combatiente Cilia Flores. ¡Venceremos!
